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Volver a
trabajar
El cambio experimentado en
las variables económicas y políticas, desde diciembre de 2002, ha
promovido cierto dinamismo en la generación de puestos de trabajo.
Además de los índices oficiales, quienes estamos vinculados al área de
los Recursos Humanos, percibimos que algunos de los indicadores que
habitualmente reflejan las tendencias del mercado laboral (consultas,
cm2 de avisos, etc.), corroboran esta impresión.
El movimiento está generado, probablemente, por un incipiente
incremento en la actividad económica y por la transferencia de la
demanda a sectores de la producción y servicios asociados, que se
encontraban casi inactivos.
Desde el lugar de psicoterapeuta y consultor laboral recibo consultas
que son consecuencia de este proceso.
Al mismo tiempo que existen problemáticas individuales sobre las cuales
es difícil hacer generalizaciones, emergen factores comunes que llevan
a analizar este fenómeno.
Se acercan profesionales que han sido desvinculados de empresas grandes
y medianas. Algunos de ellos viven, desde hace más de un año, de la
indemnización recibida, otros no tienen demasiada necesidad de trabajar
y los más afectados ya se han endeudado.
Llama la atención que, aunque hayan padecido los síntomas del desempleo
(baja autoestima, roces con su pareja, depresión, desvalorización,
etc.), les resulte complicado aceptar nuevas ofertas laborales.
Afirmaciones como “el trabajo que me ofrecen no es para mí”, “no es un
área que conozca ni me guste demasiado”, “no quiero deberle nada a
nadie” y otras tantas justificaciones, vienen a dar muestra que debemos
estar atentos a esta nueva problemática.
Intento, a través de estas líneas, reflexionar sobre algunos de los
factores comunes que pueden estar incidiendo en esta conflictiva, junto
a la problemática individual.
El
trabajo, hoy
No hay duda que el
concepto de empleo se encuentra en permanente modificación. Las nuevas
modalidades laborales, la tendencia a la especialización, la
globalización y tecnificación de los medios de producción y servicios
hacen que el paradigma que buena parte de la población activa incorporó
respecto al trabajo, presente anomalías que dan lugar a una nueva forma
de pensar la actividad laboral.
En este contexto quien procure reinsertarse en el sistema productivo,
se encontrará con un mercado en permanente revisión que no hace más que
promover una sensación, justificada por cierto, de incertidumbre. Una
incertidumbre que incluye, en sí misma, “amenaza” y “oportunidad”.
El compromiso
laboral
La relación laboral
genera un compromiso que cuenta con la legitimación institucional del
Contrato Laboral. Además de este acuerdo formal se establece, asimismo,
un contrato psicológico que promueve expectativas mutuas y temores.
En nuestro país, la confianza necesaria para establecer un vínculo
laboral sólido, en cuanto a requerimientos, posibilidades de desarrollo
y reconocimiento, se ha deteriorado.
Quien fuera desvinculado intenta reestablecer su identidad laboral.
Muchos desempleados que provienen de empresas multinacionales vivieron
la experiencia de pagar un costo alto por su dedicación.
Inconscientemente transfirieron sus deseos de protección y cuidado a
las corporaciones que los empleaban. Estas, a su vez, alimentaron esas
expectativas con sus propias ilusiones.
El compromiso se resquebrajó y, en los meses que siguen, participaremos
todos de la recomposición de la relación entre demanda de trabajo y
trabajadores disponibles.
La posibilidad
del fracaso
Toda iniciativa lleva en
sí misma la posibilidad del fracaso. Las reglas de juego en el campo
laboral implican, cada vez más, la actualización de competencias que no
eran necesarias poco tiempo atrás. Este dinamismo hace que el
trabajador, que vuelve a insertarse en el mercado, tenga la sensación
de “estar corriendo un tren que no podrá alcanzar”. El sobreponerse a
la frustración y el tomar una posición activa frente a los obstáculos,
se hacen indispensables.
Se ponen en juego los objetivos individuales frente a las posibilidades
reales, la revisión de las propias actitudes y la capacidad de esperar
y perseverar.
El
autoemprendimiento
No es casual que los
distintos medios de comunicación, las consultoras y el Estado a través
de programas de beneficios impositivos y créditos blandos, otorguen
grandes espacios y dediquen energía a estas temáticas.
Existe una sensación generalizada respecto a que la búsqueda constante
por generar valor, es el único camino para la realización profesional y
personal. Nuestra propia idiosincrasia muy impregnada, aún, de
paternalismos e ilusiones, cambia lentamente. Debemos adaptarnos a
estos cambios e implementar estrategias que nos permitan hacer nuestro
propio camino.
Muchas veces me encuentro a mí mismo, en las consultas, comentando que
“trabajar en relación de dependencia es como tener un solo cliente”. La
camiseta de la empresa se puede llevar con orgullo, pero no tiene
porqué estar tatuada.
La profecía
autocumplida
Todos llevamos dentro
nuestro el temor a “no poder”. Después de un cierto período de
inactividad nos cuesta retomar nuestras tareas. Nuestras habilidades
están entumecidas, fuera de práctica, generando mayor incertidumbre y
falta de confianza.
La desvinculación dispara sentimientos de culpabilidad: creemos que
somos incapaces y merecedores de este destino. Algo malo debemos haber
hecho. Inconscientemente boicoteamos nuevas posibilidades encontrando
millones de excusas para no enfrentar nuestras dificultades y así
comprobar que, efectivamente, nos merecemos lo que nos pasa.
Transformar esta pasividad en una actitud activa es aceptar nuestra
responsabilidad respecto a la situación que vivimos. Adaptarnos
activamente, es nuestra posibilidad de modificar la realidad.
La
neurosis individual
Todo lo que nos sucede y
todo lo que hacemos repercute en nosotros de acuerdo a su
significación.
El trabajar o no también adquiere un significado de acuerdo al momento
particular que estamos viviendo y de acuerdo a nuestra propia historia.
Los conflictos no resueltos pueden jugar “en contra” a la hora de
volver a trabajar o de encarar una actividad productiva.
La situación de desempleo implica la activación de fantasías basadas en
aspectos infantiles, que todos tenemos: pensamos en la existencia de
soluciones mágicas, trabajos perfectos, reconocimiento garantizado o
seguridad de por vida. El criterio de realidad dará lugar al
descubrimiento de caminos posibles. Así son las relaciones adultas.
Volver
a trabajar
La complejidad de factores que se ponen en juego hace, de la actividad
laboral, una pieza realmente importante en el rompecabezas dinámico que
constituye la identidad individual y social.
El apoyo y el seguimiento de quienes se encuentran en una nueva
inserción laboral, en este escenario tan particular, es una actividad
apasionante y necesaria. Al mismo tiempo constituye una fuente enorme
de aprendizaje que servirá para repensar nuestro rol en el campo de los
Recursos Humanos.
Lic.
Gabriel Schwartz
Psicólogo
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